sábado, 7 de diciembre de 2013

ENFOQUE DIALÉCTICO
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Plan de la Patria, elecciones municipales y claridad estratégica.

Por: Willmer Chang (*)

El escenario de participación política en nuestro país esta en sus mejores momentos. La importancia de la ofensiva popular sembrada por el comandante Chávez ha orientado el camino. En este sentido, es oportuno señalar que el legado de mayor trascendencia del guerrero eterno es la promoción de la praxis política en las masas populares (y las en la no populares también). Esto es fundamental para un país que aspira a entrar en las alamedas del desarrollo y el avance protagónico de la integración continental. Esta alta participación no solo es percibida en los reiterados y progresivos eventos electorales, responde a una práctica consustanciada ya con la cotidianidad.

Estos niveles de participación aumentan la garantía del sistema democrático planteado en nuestra carta magna. Responden a un natural desenvolvimiento de un Estado que se avoca al soberano, a sus necesidades, al poder de su voz, y a la contundencia de sus mandatos. Gobernar obedeciendo, sentenciaba el comandante Chávez. Y es precisamente este acercamiento lo que permite en estos momentos ostentar una de las elecciones de mayor envergadura y alcance en la historia política venezolana. El compromiso social y las propuestas reales en materia de gestión representan un avance extraordinario en el plano del ejercicio político.

La brújula fundamental de los que aspiran a ser elegidos de parte del sector revolucionario esta sustentado en el Programa de la Patria (hoy sancionado ya como Plan de la Patria 2013-2019). En este sentido podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el genio político del comandante supremo logró una claridad programática sin precedentes. Es la coherencia del pensar, el decir y el hacer de este estratega y estadista que fue el rector del presente proceso revolucionario venezolano. Esta ya organizado, esbozado, delineado un Estado y un escenario que incluye todos los beneficios de la mayor suma de felicidad social y la estabilidad política parafraseando al padre Libertador Simón Bolívar.

¿Cómo podemos propiciar en cada uno de nuestras trincheras el conocimiento y la aplicabilidad de Plan de la Patria?

¿Realmente hemos dedicado el tiempo y los esfuerzos necesarios para una total y completa aprehensión del Plan de la Patria?

Estas interrogantes constituyen el eje fundamental que deberíamos  plantearnos todos aquellos que verdaderamente queremos proseguir el interés colectivo y nacional.

El fecundo programa de gestión que ha dejado como legado político Hugo Chávez genera una ventaja abismal entre los sectores que disputan en las arenas electorales los cargos. Por una parte el sector que se autodenomina opositor (que se opone a cualquier reivindicación o acción que vaya a favor de las mayorías es sus aspectos estructurales) que carece de una propuesta concreta y real en materia de gestión, con erráticas actuaciones en materia del convencimiento de los electores, con el desconocimiento de los grupos más numerosos en el país, y con una recurrente y trillada pantalla mediática que solo alude a una pseudo realidad nacional. No emborronaremos cuartillas en este sector gastado, pobre e ideológicamente huérfano de ideas. Nos interesa impulsar el desarrollo de las fuerzas transformadoras reales de la patria.

Por otra parte una fogueada y activa generación forjada al calor del proceso revolucionario, que han entendido la dimensión e impacto de la propuesta de Chávez en su programa de gobierno que ahora asume el presidente Maduro. No alejarse de los cinco objetivos históricos propuestos en este estratégico documento es la clave para el éxito de estas elecciones. Y decimos más: la supervivencia de la Revolución Bolivariana depende casi en su totalidad de la posibilidad de concretar este plan de desarrollo.

Propiciar la municipalización de un programa estratégico de gobierno es una acción absolutamente coherente con los intereses nacionales. Representa otra garantía para el acercamiento del poder (la praxis de él),  a las mayorías que aún están asimilando la definición del Poder Popular. La contradicción del poder constituyente y el poder constituido. Esta contradicción en este contexto conlleva a la formación exhaustiva del soberano en los asuntos públicos, del ejercicio del poder y de la acción Estado-sociedad, para dar paso a la transferencia efectiva de competencias y del poder. En este sentido no debemos olvidar que es necesario constituir la nueva forma de ejercicio del Poder Comunal y Poder Popular. Derogar las prácticas aún resistentes del Estado liberal burgués en algunas escalas del poder nacional, estadal y municipal. La actitud reaccionaria de algunos personeros que se oponen al Estado Comunal no puede estar justificada. No se pueden postergar los enunciados estratégicos rectores del Plan de la Patria en nuestras filas o incluso las del contario. Es fundamental identificar quienes no convalidan de manera real el pensamiento de Chávez, su legado político. De ser así gestionar el poder de la participación popular es el único mecanismo de cambio posible. Por eso en los procesos electorales en nuestro país lo emocional es lo que mueve. Y renunciar a este legado impresionante no creemos sea una estrategia acertada.  De tal manera que el compromiso de esta dirigencia política es mayor. “Cuando el Camino  llegó a Carabobo, Bolívar iba adelante y obligaba mucho”. Nosotros decimos hoy: “cuando el camino llegó a la patria, Chávez va adelante, y obliga mucho”.


No concebimos un Estado sin la participación popular.  Distaría mucho de la definición que  conseguimos en el preámbulo constitucional y en el Plan de la Patria. De allí que las mayorías deben apropiarse de este lineamiento estratégico como bandera y arma de lucha primordial. Conocer, profundizar, asimilar y aprehender para sí esta herramienta constituye la responsabilidad de cada patriota, de cada militante, de cada bolivariano. Este aprendizaje es el mejor camino para la realización y puesta en marcha del legado de Chávez, y no es para tomarlo a la ligera. No es cuestión de simples consignas. Es el compromiso de seguir el camino de la formación profunda del pensamiento político y estratégico del comandante. Es poner en práctica cada uno de los objetivos históricos en cualquiera que sea nuestra trinchera. Es defender palmo a palmo, hombro a hombro cada uno de estos objetivos. El líder da el ejemplo. Es por ello que los que ejercen por coyuntura histórica la responsabilidad de convertirse en los representantes del soberano tienen que ser una evocación y un referente moral. Son los primeros llamados a conocer y promover el Plan de la Patria. Deben arengar y multiplicar los mecanismos para que el pueblo apropiadamente entienda sus fines y propósitos. Tamaña responsabilidad de estos compañeros, pues Chávez señaló el camino en beneficio de todos. Y no hacerlo sería un acto declarado de traición al proyecto político bolivariano.

Desde las escuelas e instituciones educativas, las fábricas, los campos, los cuarteles,  los institutos de administración pública, los consejos comunales y las comunas se debe propiciar el estudio y entendimiento del Plan de la Patria. Debe ser una obligación (primero moral y luego de acción) para masificar el conocimiento de estos lineamientos que regirán los destinos de la patria.

Proponemos la creación de una cátedra en escuelas, liceos y universidades de planificación estratégica, donde este plan sea desmenuzado para su entendimiento y comprensión. Es vital esta difusión para concretar los objetivos nacionales, y ahora los municipales en cada una de las instancias del Estado Bolivariano, y no hay mejor terreno fértil que el de las futuras generaciones que asumirán en poco tiempo las riendas de la revolución.

Complementar el ejercicio del Poder Popular con el conocimiento jurídico, estratégico, y práctico del Plan de la Patria. Sobre todo poner en el territorio (hacerlo real), allí en nuestro barrio, en nuestra calle, en nuestra urbanización. Objetivizarlo en el espacio, pues el socialismo no se decreta, se construye. Y esta propuesta es esencialmente eso: Socialismo Bolivariano. Como especialistas en el tema geográfico no podemos dejar de hacer la mención a lo palpable. Comuna o nada sentenciaba el Comandante presidente, y es la mejor manera de plasmar en territorio ese programa de gobierno.

La relación entre lo estratégico y lo táctico. Del pensamiento y la acción. De la teoría y la praxis. Esto es la piedra angular del accionar del comandante Chávez. Seamos Chávez pues, como dice la consigna  nacida en esos momentos de dolor por la partida física de este ser humano extraordinario.



Chávez Vive, la lucha sigue.
¡Revolución por siempre!


(*) Docente revolucionario e investigador social.


jueves, 5 de diciembre de 2013


ENFOQUE DIALÉCTICO
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Conciencia revolucionaria vs. Cultura del Consumismo. Luces y Sombras.

Por: Willmer Chang (*)

La conformación de una base sólida para los proyectos políticos siempre ha sido una necesidad, sobre todo en los procesos de carácter no convencional o revolucionarios de toda la humanidad. Generalmente los cambios dramáticos y con saldos a veces no esperados son un dogma en los procesos de cambios radicales. Conviene recordar en perspectiva la primera revolución de carácter socialista, la Soviética, que supuso un final precipitado para el régimen zarista de capitalismo transnacionalizado, el acelerado proceso de la Revolución China que redimensionó el régimen feudal, o la Revolución Cubana que trastocó las fauces del Imperialismo estadounidense. Todos estos procesos, unos más dramáticos y violentos que otros, representaron el punto de quiebre en la búsqueda de un sistema civilizatorio distinto con respecto al capitalismo explotador y salvaje.

En ese sentido, la Revolución Bolivariana se convierte en  un proceso sui generis, tanto por las formas, las condiciones, los contextos y los actores; como por el incesante y continuo hecho confrontacional que supone derogar las instancias actuales del heredado Estado liberal burgués, y que consecuentemente conlleva a una posición antagónica con el sistema económico dominante. Pero que en su misma dinámica no refleja las condicionantes históricas clásicas de procesos anteriores. La Revolución Bolivariana en el presente momento asume el escenario de participación política y popular como metodología de subsistencia, y promueve un mecanismo de reproducción de la participación revolucionaria, que no  se realiza por coacción, sino por convicción.

Esta extraordinaria dualidad es, en principio una característica totalmente diferenciada de los acostumbrados y convulsionados procesos históricos revolucionarios. ¿Quiere decir esto que la Revolución Bolivariana y la tesis del Socialismo Bolivariano no ha sufrido  ataques en el escenario de la confrontación? La respuesta es un rotundo no. Si ha sufrido los embates de los reducidos y recalcitrantes sectores élites del país, que responden con una furia inusitada por ver reducidas sus anteriores posiciones de supremacía y sus intereses otrora ligados con el parasitismo estatal crónico. Aunado a ello la absoluta y descarada genuflexión a intereses transnacionales e imperiales, lo que hace muy peligroso a este reducido sector burgués.


Como consecuencia de la confrontación de intereses (que es su clásica concepción del socialismo Marx llamaría lucha de clases) los actores políticos han tenido que definir sus estrategias. Para fortuna de proceso bolivariano, las estrategias han sido acertadas. Cada día cobra mayor vigencia la construcción de un Estado social de derecho y de justicia, con la premisa de primero la resolución de las necesidades  humanas antes que el capital.

Ahora bien, el Socialismo Bolivariano procura imponer un Estado de interés social, basado en las necesidades colectivas, en la inclusión, en la transformación material y humana de la sociedad, y del evidente proceso productivo alternativo al capitalismo. ¿Es posible esto en el marco de un proceso productivo intoxicado por la usura, por la terciarización, por el consumismo exagerado, por la alienación,  y por la maximización de las ganancias? De nuevo se impone un no rotundo como respuesta. Los acontecimientos de la ofensiva económica del gobierno del presidente Maduro, afirman la necesidad de revisión profunda y radical de la dinámica económica nacional. Es realmente sorprendente conocer los niveles de usura, especulación, malversación y podredumbre moral en la cual están sometidos los “procesos comerciales” de una minoría  en Venezuela. Recalcamos la frase “procesos comerciales”, pues no convalidamos la frase “proceso productivo”, pues es evidente que la economía de puertos, la excesiva importación, el abandono del aparato productivo endógeno, y las posturas anti-nacionales de los responsables de las cadenas comerciales en nuestro país, alejan de su sentido productivo a este estamento social. Si se hace una retrospectiva en relación a la Venezuela a finales de los ochenta, encontraremos el germen perfecto de una explosión social provocada por la insatisfacción de las necesidades básicas del colectivo.

De allí la respuesta del Caracazo de 1989, proporcionalmente a las acciones neo-liberales, el sector mayoritario reaccionó para poner el primer grito conocido contra la doctrina del FMI. Es una reacción no esperada en el contexto del mundo bipolar, pero que efectivamente reorientó las fuerzas políticas y de organización popular, alzando las banderas de las necesidades fundamentales de los millones de seres humanos que habitaban en situación de pobreza crítica. Esa explosión social estaba justificada en los términos de la lucha por la justicia.

¿Pero cual es la lectura de una posible explosión social en los actuales momentos producto de la inflación, la escasez o la imposibilidad de acceder a ciertos productos? ¿Tendrá la misma justificación un levantamiento popular hoy en día? Conviene definir algunos puntos de vista al respecto. La espiral anti humana de la inflación adelantada por los sectores comerciales debería ser declarada como un crimen de lesa humanidad. Porcentajes híper exagerados de ganancias, reflejan la verdadera naturaleza del parasitismo importador en nuestro país. Esta situación no solo era para obligar una explosión social similar al Caracazo o la salida del presidente Nicolás Maduro. Es una constante de este sector comercial usurero promover la fácil ganancia y la explotación del consumidor.

Obvian la norma elemental económica de alta rotación de los productos, la relación calidad-precio, el margen racional de ganancia y las leyes de la oferta y demanda. En nuestro país, incluso la misma lógica del capitalismo clásico se ve sobre dimensionada.

 Impresiona la ligereza con que se asume de parte de este sector comercial usurero el concepto de Plusvalía, y lo que sorprende con mayor preocupación es desde cuando ocurre. Y en nuestro criterio asumen una condición absolutamente frontal ante sus intereses históricos de clase dominante y explotadora, casi anunciando la inexistencia de un Estado que tiene como objetivo regular el hecho económico.  Esta actitud insistimos no es nueva. No es exclusiva de esta coyuntura temporal, es la práctica usual de estos sectores. Unos pocos dominan las necesidades de muchos. Si en algún momento se ha estado cerca de la revisión del proceso económico en nuestra República es ahora. Necesaria e ineludiblemente el Estado debe profundizar en las acciones de supervisión y fiscalización. La batalla de la conciencia colectiva sobre las necesidades verdaderas debe estar también en primer plano. No podemos promover el consumismo excesivo derivado de estas acciones, pues solo beneficiaríamos el proyecto capitalista y el bolsillo de los especuladores.

Es una reacción casi natural, la de asistir en masa a los comercios  luego de una medida de fiscalización, ya que este derecho de acceso en el pervertido sistema comercial venezolano lo había imposibilitado. ¿Pero realmente es producto de una necesidad básica o de una necesidad implantada o creada? Hay que hacerse preguntas sobre esta situación también. La conciencia de lo que estamos construyendo como proyecto nacional es vital. Tenemos que adelantar una verdadera batalla contra los mecanismos del consumismo, que incluso se están reproduciendo en las filas de la revolución. No es una reflexión a priori, es una preocupación de lo que significaría montarse en los vagones del lujo, confort y hedonismo que promueve el capitalismo.

Si esa conciencia no esta bien cimentada, el diseño estratégico del proyecto se diluye, se dispersa. Efectivamente, las inmensas filas en comercios de electrodomésticos, ropa, calzado y otros  indican que en algunos aspectos la conciencia revolucionaria se ha visto afectada por la necesidad creada de consumir.

No criticamos acceder a bienes y productos que satisfacen necesidades reales, sino caer en el terreno consumista. La línea entre el consumismo y las necesidades reales a veces se desdibuja en el colectivo. Y esto puede ser un indicativo de la necesidad de reforzar la orientación real de la Revolución Bolivariana.


Una acción combinada de presencia efectiva, de concientización y sobre todo de participación, son los elementos de una ecuación perfecta para entender como se debe cambiar el modelo económico. Esta situación es ideal para adelantar el estudio de cómo el capitalismo usurero incide sobre la concreción del proyecto nacional contemplado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y en la posibilidad de seguir construyendo el proyecto político del Plan de la Patria (ahora sancionado como ley). No solo debemos ayudar a equilibrar la estructura de precios de todo el sistema económico, también debemos entender como en los últimos 60 años la doctrina del consumismo y de las necesidades irreales han mellado en la conciencia colectiva. Debemos entender las variables de la alienación y la enajenación. Comprender como es que estos males imposibilitan el avance del Socialismo Bolivariano a otros niveles, y sobre todo como combatir los mecanismos de esa contracultura del consumismo como lo señalaba Ludovico Silva.  Si logramos sanar el modelo económico, y la conciencia socialista bolivariana, estaremos allanando el camino al sistema capitalista y a sus aberrantes mecanismos de dominación.


Chávez Vive, la lucha sigue.
¡Revolución por siempre!


(*) Docente revolucionario e investigador social.


martes, 7 de mayo de 2013





ENFOQUE DIALÉCTICO
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Propiedad Privada y Proceso Productivo: Reto del Socialismo Bolivariano.

Por: Willmer Chang (*)


Una de las características que definen al sistema económico dominante, es la propiedad privada de los medios de producción. Históricamente la tierra y la industria, son por excelencia esa propiedad privada que genera las ganancias y la Plusvalía, que está en manos de las burguesías capitalistas desde el proceso de acumulación originaria, tal y como lo señala Karl Marx en su obra El Capital. 

Quien controla los medios de producción ejerce el control de la producción misma, se apropia de la fuerza de trabajo del proletariado, genera ganancias y condiciona todas las relaciones de producción a favor de sus intereses. Consecuentemente el efecto inmediato es la lucha de clases, por un lado las burguesías afianzando su control sobre los medios de producción, y por el otro el proletariado luchando por zafarse del endemoniado ritmo de la dominación, enajenación y alienación, con esperanza de tener el control de los medios  a través de una contienda que se torna distante y conflictiva.

Una vez que se ostenta el control de los medios de producción, el proceso productivo es claramente ejercido con ansias de maximizar las ganancias. Las clases dominantes, han ejercido este mecanismo desde la fase industrial del Capitalismo (determinada por la revolución industrial), se incrementa en la fase financiera con la incorporación del elemento especulativo de la banca incipiente,  prolifera ampliamente durante la fase imperial con el neocolonialismo y el saqueo de los recursos en África, sudeste Asiático y Centroamérica, y se afianza en la fase globalizada con la acción de las multinacionales y transnacionales que monopolizan toda la propiedad en sus corporaciones, mecanismos refinados de control omnipotente a escala planetaria.

La propiedad privada de los medios de producción (la tierra y la industria-reforzamos) se convierte en el punto neurálgico de la acción de un sistema alternativo que le de orden y prioridad a lo humano. En tal sentido es uno de los grandes retos que tiene el Socialismo Bolivariano para estructurar un nuevo modelo civilizatorio.

La propiedad privada en Venezuela es una muy cuestionable razón histórica. La apropiación de los medios de producción se entrecruza con una oprobiosa actitud de pillaje y saqueo por parte de la burguesía. 

Durante el inicio del siglo XX se convierten en los anillos cercanos de la dictadura entreguista del Gomecismo, posteriormente del Bipartidismo y el Clientelismo político, sumando poder y recursos en esta trágica historia de saqueo a la nación. Se apropian de esos medios de producción con la anuencia del régimen de turno, sin mayor contratiempo que el compartir su botín con un selecto grupo de funcionarios de confianza. 
El desplazamiento progresivo del ingreso agroexportador por parte de la actividad petrolera, afianza el control de los medios productivos. La burguesía “importa” todos los procesos de producción (tanto en el sector agrícola como en el industrial), maquinarias, herramientas, aditivos, tecnología, asesoría, partes, productos semielaborados y cualquier otro elemento esencial que sea parte del ciclo productivo. Se apropian de la mayoría de las tierras en condiciones de latifundio (improductivos por naturaleza), jugando al macabro juego del valor de uso por el valor de cambio (engorde de los precios de los terrenos en futuras ventas) sin propiciar la verdadera producción necesaria para la seguridad agroalimentaria. Se abandona sistemáticamente la actividad de producción del campo, con lo cual sentencia nuestra dependencia importadora de alimentos.

Responden a los intereses mismos de reproducción del Capital internacional, y fomentan la dependencia absoluta en una suerte de tragicomedia a niveles no conocidos. No es una tenencia honesta de los medios de producción. Responde al infausto mecanismo de apropiación por medios no legales, y con vestigios de ilegitimidad. Se ganan su condición de “burguesía parasitaria”, deshonesta, apátrida y entreguista. Ni siquiera generan las condiciones de inversión lógicas para un desarrollo industrial y agrícola nacional.  Esta condición se agrava con el advenimiento de un sistema rentístico, cuya única intención es apropiarse de eso que se denomina “renta petrolera”.

Tal renta no se desarrolla con el respaldo de la producción en nuestro país, si no que se desenvuelve en los mercados internacionales de hidrocarburos, por lo cual la fórmula es letalmente inyectada al proceso económico nacional. Obviamente, por tener el control de los medios de producción, quienes se apropian de manera inmediata de ese fenómeno de ingresos son  los integrantes de esa misma burguesía.

El proceso productivo venezolano ha estado “con síndrome rentístico” desde la conformación de los gobiernos del siglo pasado. Responde más a una adaptación del capital a este fenómeno, que a una verdadera producción. Implica relaciones de dominación aguas arriba, y aguas abajo. También depende tecnológica y funcionalmente de los centros hegemónicos de poder. El valor de la moneda estadounidense marca la pauta de este “proceso productivo enfermo”. El valor real de los productos o mercancías lo determina la burguesía a través  del chocante mecanismo de la especulación (derivada de la importación) ya que como hemos citado anteriormente es una burguesía parasitaria (nunca desarrolló procesos de inversión en investigación, desarrollo y aplicación de tecnología propias), con lo cual el Estado tiene la responsabilidad de otorgar divisas “apetecibles” para que se importen los elementos necesarios para la “pseudo producción” en los medios de la burguesía. Reclaman más divisas para importar de lo que realmente producen, pero aún así dominan las reglas de la oferta y la demanda.

El neoliberalismo en la década de los 80 y 90, abogaba por la tendencia de la privatización de los activos del Estado y de los servicios públicos básicos. Esta situación favorecería el control absoluto de los medios de producción por parte de la burguesía, ya que el Estado en esta tesis económica no interviene en el proceso productivo, y se reduce sustancialmente (vendiendo activos como la CANTV, PDVSA, CVG) para dar paso a la empresa privada como agente intermediario entre el “mercado” y los consumidores. A pesar del estallido social  antineoliberal en febrero de 1989, la burguesía seguía poseyendo el control de los medios de producción, con lo cual solo se aletarga la confrontación de clases.

En el contexto de la Globalización, la propiedad privada sufre mimetismos y procesos de apropiación de mayor envergadura. Se desarrollan la “franquicias” para asegurar el control del medio productivo, a través de testaferros “locales”, pero que solo son guardianes de los intereses transnacionales, y del capital foráneo. Se dan nuevas formas de la propiedad privada caracterizadas por  la captación rápida de los ingresos, y el envío de estos a las sedes de las compañías matrices.

La hegemonía en el control de los medios de producción genera otros rasgos sui generis en Venezuela. Propicia el desarrollo desigual combinado en diversas escalas (con respecto a otros países, y en nuestra misma economía), poniendo de manifiesto la necesidad casi vital de apropiarse de la “renta petrolera”.  La denominada economía informal, es uno de esos efectos colaterales. Inducido por políticas indolentes en materia social y económica, el sector informal sufrió una explosión exponencial. La economía informal es una variable muy complicada, ya que reproduce la dependencia importadora que favorece a sectores hegemónicos nacionales y trasnacionales,  se convierte en mecanismo distributivo, que no recibe beneficios de ley establecidos para cualquier trabajador en relación de dependencia (aún cuando piensen que sus ganancias son netas), y sin una cultura impositiva que beneficie al fisco nacional.

Con semejante cuadro clínico, el Socialismo Bolivariano tiene varios retos. En primer lugar decodificar la lógica del capital orientada a monopolizar los medios de producción. Se han dado avances al respecto, con el reconocimiento de nuevas formas de propiedad, tales como la propiedad social, la propiedad mixta, o la propiedad comunal. El Socialismo venezolano no elimina la propiedad privada. Solo abre la posibilidad de coexistir con otras formas de propiedad. Pero en este sentido, la necesidad de materializar efectivamente estas nuevas forma de propiedad es más que vital. Existen ejemplos de control obrero en empresas abandonadas por sus dueños, que abren el camino a la cogestión y la propiedad colectiva. De igual manera, una aplicación justa de la ley de tierras reivindica la distribución de la misma, que en latifundios supuso el atraso del sector agropecuario nacional. De la redistribución de los predios existen referentes de unidades productivas exitosas. Pero esto hay que masificarlo. Una verdadera reforma agraria, que promueva la propiedad social o colectiva, y que en mismo termino tenga capacidad de levantar la producción, con un impacto real en la economía.  Es uno de los lineamientos que se encuentran en el programa de la patria, en concordancia con la construcción de una Venezuela potencia, capaz de producir los alimentos y sub productos derivados necesarios para el consumo interno, y más allá del excedente que pueda ser distribuido a nivel regional en el marco de MERCOSUR, UNASUR y EL ALBA.

La construcción de las Comunas es un elemento vinculante para materializar las nuevas formas de propiedad. Constituye el ensayo real del socialismo, donde existe una orientación clara de lo que debe ser el proceso productivo. Es allí donde se debe intensificar los esfuerzos para esa experiencia colectiva. Desde los inicios del proceso revolucionario, colectivos a nivel nacional dan muestras de extraordinarios avances para abrir el camino al control colectivo de los medios de producción. Desde actividades comerciales de trueque, autogestión, producción artesanal, producción a mediana escala, talleres, patios productivos, hasta unidades de producción con orientación industrial. Aprovechando el impulso de la aplicación de la Gran Misión Vivienda Venezuela, es el laboratorio perfecto para ejercer la orientación de punto y círculo, articulando las potencialidades naturales de los espacios con una forma de apropiación colectiva. Deben ser ejemplo de lo que significa el nuevo modelo económico socialista, en donde las relaciones de producción son horizontales, y con un profundo carácter social.

La Comuna como ente de todas y todos, capaz de gestionar recursos, generarlos, y de sostenerlos. Asegurándose de la sinergía  y justa redistribución entre sus integrantes. Desarrollar el Socialismo, tal y como lo señala el segundo objetivo histórico del programa de la patria.

Ciertamente el Estado en apoyo a esas iniciativas, inyecta recursos para una fase inicial. Pero debemos ir conformando mecanismos de propiedad que sean autosustentables, y que realmente sumen al proceso productivo real, sin la dependencia estatal.  Hay que propiciar una propiedad colectiva de los medios. En contraposición solo con el recurso legal de la expropiación, el socialismo debe encontrar puntos de encuentro para gradualmente disponer de los medios que son insustituibles para el mantenimiento del Estado.

En relación al sector privado, deben asimilar los intereses nacionales por encima de sus aspiraciones a ganancias exorbitantes. Desde hace algún tiempo se debate la necesidad de regular las ganancias con respecto al rubro. Esto sería una sana medida para evitar la especulación y frenesí de acumulación a expensas de las mayorías.  De igual manera, conlleva a un compromiso de estimulación de los sectores que verdaderamente quieran producir. Con políticas fiscales especiales que les permita a esta forma de propiedad privada “encaminarse” a objetivos del programa de la patria y el proyecto económico nacional.

En materia tributaria, se debe consolidar la cultura fiscal. Desarrollar un fuerte sistema de recaudación, donde la carga impositiva mayor sea aportada por el que más tiene. A cada cual, según sus capacidades, como reza el principio socialista. Otras economías del mundo apoyan su proceso de captación de ingresos por medio de los impuestos. No podemos seguir reproduciendo una cultura indolente con respecto a la recaudación, y se debe castigar con rigor la evasión, tanto de las grandes compañías como de los previstos para tributar en el común proceso productivo.  En materia de recaudación fiscal hemos avanzado notablemente. Sería fundamental seguir perfeccionando esta tendencia.


Debemos fortalecer el ingreso no petrolero, en todas sus actividades. Diversificar el proceso productivo en actividades como el turismo, la producción industrial nacional, y la agroindustria. El apalancamiento de estos sectores puede incidir en la conformación de una nueva arquitectura económica, caracterizada por el verdadero hecho productivo y no de la apropiación de la “renta petrolera”.



Chávez Vive, la lucha sigue.

¡Independencia y patria socialista!

¡Viviremos y venceremos!


(*) Docente revolucionario, investigador social y militante Bolivariano.

sábado, 27 de abril de 2013




ENFOQUE DIALÉCTICO
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Dueño del medio: dueño del mensaje.

Por: Willmer Chang (*)


La guerra de baja intensidad es una de las tácticas psicológicas diseñadas para ejercer el control de las mentes de quienes vivimos en la sociedad del siglo XXI. Esta práctica consiste en el manejo, distorsión o apropiación de los mensajes que se emanan desde los medios comunicativos, y por ende su efecto sobre la población cautiva. Con el avance tecnológico de la última década en materia de telecomunicaciones, este mecanismo se ha puesto en condiciones inimaginables en velocidad, efectividad y asertividad. El problema estriba en que esa parafernalia mediática responde a la lógica del Capital, y a las élites que manejan los emporios comunicacionales del mundo, y sus apéndices en los países que conforman el concierto internacional.

La guerra mediática ha traspasado la frontera de la ética y los valores. Ha conformado una perversa forma de alienar a  millones de seres humanos.  Desde las corporaciones internacionales de la comunicación e información se trazan las matrices de opinión que el mundo ha de recibir diariamente, y que por fuerza de la repetición e intensidad de estás, a veces traspasan el verdadero hecho o noticia. Joseph Goebbels, quien fungiera como ministro de propaganda de la Alemania Nazi afirmaba: “una mentira repetida mil veces, se convierte en una verdad”.  Parece que es una de las máximas de este complejo empresarial de los medios, que no escatiman esfuerzos hasta propagar de manera efervescente sus intereses y necesidades utilizando para ello toda la estructura. Desde el terrorismo, la intriga, las medias verdades o las “informaciones no confirmadas”, se ejecuta con alevosía y perversión, la bastarda tarea de conquistar las mentes (nuevo teatro de operaciones de la guerra del siglo XXI) en condiciones de desventaja para el infortunado espectador común que ignora la verdadera dimensión de esta clase de operaciones.

Cabe preguntarse, si los medios de comunicación son parte de las grandes corporaciones transnacionales, y si estas corporaciones son política e ideológicamente contrarias a los
Estados nacionales progresistas o revolucionarios, ¿Cuál será el tratamiento de los mensajes que abordarán? ¿Cuáles serán los códigos que divulgaran? ¿Qué clase de legitimidad pueden tener frente a los intereses de las élites y las corporaciones?

Es en ese escenario donde se conjugan la lógica del capital, sus leyes y los propios intereses de las corporaciones mediáticas. Apoyados en los avances tecnológicos, y la capacidad de difusión, esos mensajes pueden incluso alterar el pensamiento o percepción colectiva. Por eso es que en el ámbito político, los Estados nacionales encuentran barreras en la mediática internacional y local.

En la República Bolivariana de Venezuela, no escapamos a esa amarga realidad. Hemos sido testigos de excepción de lo que el poder de los medios y sus intereses pueden hacer a un gobierno constituido. Desde el ascenso al poder del comandante supremo Hugo Chávez, la población ha sido sometida al bombardeo inclemente en materia comunicacional. La orientación revolucionaria del gobierno bolivariano, en todas sus etapas y trayectos, ha sido satanizada o vilipendiada. Son chocantes y sorprendentes las muestras de las operaciones psicológicas desarrolladas sobre nuestra población. En la década final de los años 90 enfilaron los cañones contra la constituyente, propuesta del presidente Chávez para realizar en colectivo una nueva carta magna adaptada a los nuevos tiempos. Se especuló con una acción envolvente (radio, prensa, televisión) el carácter “dictador” de esa acción política.

Se aterrorizó con una “cubanización castrocomunista” y una dictadura “militarizada”, con la “expropiación de bienes (y hasta de la patria potestad de los hijos) en un escenario de polarización política, en donde las élites económicas burguesas y los partidos tradicionales vieron afectados sus intereses y privilegios. Luego atacaron desde la trinchera del golpe mediático en los hechos de Abril del 2002, dando una muestra del poder de los medios para imponer condiciones políticas, utilizando el carácter reproductivo de las mentiras y medias verdades. Continuaron en diciembre de 2002, con un paro petrolero infausto,  escoltado con miles de horas de transmisión de partes de guerra de la oposición,  y a su vez de las carencias y penurias ocasionadas por tal hecho.

Los hechos de la plaza Altamira con un show mediático llevado a cabo por los mismos conspiradores pertenecientes a un sector del generalato golpista, ya comprometido desde abril del 2002. Las constantes “ollas mediáticas” en contra de las acciones del gobierno, hasta objetar todo logro o beneficio. Las campañas de odio en contra de una parte de la población,  por ser el más numeroso y popular de los estamentos. El descrédito de todas las misiones y planes del gobierno revolucionario. Y más recientemente las posturas antipaz adoptadas para apoyar al perdedor candidato Enrique Capriles en las elecciones del 14 de abril de 2013, haciendo llamados en vivo y directo a desconocer autoridades y propiciar el caos y la confrontación. Todo esto es una apología al delito. Y con sobrada razón, es parte de la desconfianza de muchos sobre el entramado mediático, su inexistente ética, y la evidente conexión con intereses transnacionales y burgueses que nada tienen que ver con el concepto de “patria”.

Los dueños de los medios son dueños de los mensajes que son transmitidos. No se piensa en el interés común. Solo se busca obtener intereses propios y que produzcan ganancias. Y lógicamente, la población desprevenida e incauta solo puede “aceptar” como verdad este mecanismo de implantación. Tras años de exposición ante este hecho, ya es posible ver resultados en parte de la población. Llegan a desarrollar posturas políticas inducidas por los medios, que se abrogan la vanguardia del movimiento opositor. En otras entregas hemos disertado acerca de que si lo que recibimos es información o propaganda (y en muchos casos propaganda de guerra y confrontación), y la duda esta justificada. Si el mensaje a transmitir se masifica en función de una sesgada perspectiva, el receptor no tiene mucha oportunidad de generar una postura crítica. Es allí donde el proceso de alienación se lleva a cabo. Pero si esto es acompañado por una buena dosis de odio, confrontación, racismo, xenofobia, y desprecio, se convierte en un arma psicológica  muy poderosa. Es tan poderosa en sí misma, que ha logrado llegar a sectores que antes apoyaban la revolución. Ha logrado invertir esa concepción ortodoxa de lucha de clases, y confundir a sectores de importancia en el estrato más humilde. Y en los sectores que han apoyado históricamente al oposicionismo, ha arraigado el desprecio hacia todo lo que tenga que ver con la revolución bolivariana. No podemos aceptar que el terrorismo mediático se incube en nuestra sociedad. Los efectos nocivos de la irresponsable actitud de los dueños de medios de comunicación, ya han cobrado muchas víctimas. Y su continuidad, podrían desencadenar un estado de conmoción y desinformación tal, que sea inviable la acción del Estado. Los hechos del 15 de abril, luego del conocimiento de los resultados electorales, no hacen sino avalar el planteamiento de guerra mediática. Y esta guerra es sin cuartel. El bombardeo seguirá en función de apoderarse de la verdad, y de la necesidad de crear zozobra y desánimo en la población en general.

Debemos acudir de manera inmediata a la formación de nuestra población, contrarrestando con información veraz y oportuna en los medios del SIBCI, comunitarios, y el mismo poder popular. A cada conspiración se debe salir al paso inmediatamente, aclarando con argumentos claros y precisos. Se debe empezar a ejercer contundentemente la ley de responsabilidad social en radio y televisión, precisando responsabilidades para que sean aplicados los referentes correctivos. En la trinchera de las redes sociales, debemos pensar en la posibilidad de regular los contenidos y afirmaciones que se realizan, pues sociológicamente impactan de manera muy profunda a nuestra sociedad. Es una repetición de mensajes,  dirigidos en  muchos casos con la intención de descrédito o de generar a una matriz de opinión sesgada. Con pasmosa angustia observamos esos mensajes correr libremente en estas redes sociales, sin que se pueda detener su avance tóxico y malsano.

Este es un necesario reconocimiento al poder mediático. No se puede obviar en la dirección política militar el efecto demoledor de este hecho, ya que ha afectado reiterativamente el avance y consolidación del proceso revolucionario. Reafirmamos la tesis de una necesaria revisión de las contramedidas, las acciones, herramientas y ofensivas comunicacionales. Del fortalecimiento de nuestra capacidad para reaccionar tempranamente ante las amenazas mediáticas, radica el éxito y avance a una sociedad que no confunda la desinformación con verdad, y será un aporte más a la concientización de la población revolucionaria.





Chávez Vive, la lucha sigue.

¡Independencia y patria socialista!

¡Viviremos y venceremos!


(*) Docente revolucionario, investigador social y militante Bolivariano.

viernes, 19 de abril de 2013





ENFOQUE DIALÉCTICO
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Revolución Profunda, Ética y Socialista Presidente Maduro.

Por: Willmer Chang (*)

Una vez más, la mayoría del pueblo venezolano, en ocasión del proceso electoral del 14 de abril de este año avaló la propuesta del socialismo como sistema político y económico de la Venezuela Bolivariana. Tiene el apoyo de la mayoría que cree en la revolución presidente Maduro. Y necesitamos ayudarle a Ud. en la profunda revisión de los hechos para fortalecer al proceso histórico que vivimos. Es la intención de estas humildes reflexiones, que son para enriquecer la perspectiva y las estrategias a seguir por parte de la dirección político militar de la revolución.

Esta ratificación por parte del pueblo es la muestra del apego a los cambios que se vienen desarrollando desde hace 14 años, gracias al proceso revolucionario. El comandante supremo Hugo Chávez desarrolló una propuesta de país con una visión de inclusión y de justicia social. De igual manera en el aspecto programático el Proyecto Nacional Simón Bolívar I (2013-2019) esboza los lineamientos estratégicos que debe abordar la república para la transición al socialismo. Esta visión es continuada en la propuesta de la patria 2013-2019 en sus cinco objetivos históricos, necesarios para profundizar la revolución socialista iniciada por el gigante.

Esta condición es necesaria para entender cual es el camino. ¡Independencia o nada! Aseguraba nuestro padre eterno Libertador, y recogido magistralmente por el comandante eterno. Nosotros ahora con el camino señalado por el mismo aclamamos ¡Revolución o nada! Pues representa el grito de los millones de militantes que le dimos el respaldo a Ud. presidente Nicolás Maduro. La revolución supone cambios radicales y profundos. La revolución propicia una conciencia ideológica y política de la mano con el proyecto de país, y requiere de una dirigencia con los más altos valores de entrega, sacrificio, transparencia, eficiencia y claridad revolucionaria. No es menos conocido que el resultado electoral de las pasadas elecciones se vio afectado por algunos eventos de ineficiencia y corrupción, que lejos de sumar y tributar en la causa revolucionaria, alejaron el voto de un importante sector de los electores. Esto no se puede ocultar, silenciar o minimizar. Las bases del pueblo militante, bolivariano, revolucionario y chavista exigen que el legado de entrega y sacrificio de nuestro máximo líder sea honrado.  Existe una actitud reaccionaria en algunos funcionarios de los sectores altos y medios del gobierno para dar paso al verdadero Estado revolucionario.

 Nuestro Estado aún es lamentablemente, un Estado liberal burgués plagado de contradicciones, de situaciones irregulares, de personajes antirrevolucionarios, de oportunistas, de arribistas y de gente que no comulga con la verdadera necesidad de cambios. Es vital para el proceso revolucionario que sea depurado en su totalidad el conjunto de personas que tienen responsabilidad de Estado y gobierno, y darle paso a la construcción del verdadero Poder popular y Estado Comunal que nos ha dejado como lineamiento el comandante Chávez. En la ineficiencia, indolencia y corruptela de los agentes que se hacen llamar “revolucionarios” está parte de la responsabilidad de la migración de votos a la derecha.

Con todo respeto exigimos presidente Nicolás Maduro, se revise la realidad de los cuadros de dirigentes que han mancillado a nuestro pueblo, y permitieron con su ineficacia y actitud de retraso que este proceso histórico haya podido dar avances más significativos. No nos podemos excusar en la impunidad. Es menester de todo revolucionario hacer cumplir la ley, los estatutos éticos y morales, y el pleno ejercicio de las funciones a favor del colectivo. Aquí deben acabarse las cuotas de poder, el amiguismo, el funcionario de espalda a la conciencia revolucionaria, y los constantes saboteos al trabajo duro por la patria.

No escribimos estas líneas con ánimo solo de criticar, pues hemos entendido necesaria la postulación de soluciones y de mecanismo de aporte al proceso revolucionario. A parte de la misión eficiencia o nada, debemos rescatar esa idea originaria de principios de la revolución de hacer oficinas de atención ciudadana y reclamos en todas las dependencias e instituciones públicas. Un mecanismo que sea de dominio público y con competencia para recibir todas las quejas, irregularidades, denuncias y expresión del pueblo en relación con la actuación de los que le dan la cara al ciudadano por la revolución, y que a veces son los responsables con su ineficiencia y práctica de burocratismo del alejamiento de nuestro pueblo o de su frustración ante una necesidad. 

Este mecanismo debe también tener la capacidad de interrelacionarse con el poder popular para hacer seguimiento y control de obras, medidas, misiones y labores corrientes en la administración pública. Hay que ser implacables en la aplicación de sanciones a quienes traicionan como funcionarios al pueblo venezolano. No podemos permitir más omisiones, errores o tergiversaciones en este sentido. Se deben hacer castigos ejemplarizantes, y que acarreen responsabilidades penales (no solo políticas, administrativas  o morales). El capitalismo ha sembrado el egoísmo, la ambición, el individualismo como antivalores, que se han inoculado de manera directa a través de los medios de comunicación masivos. Distorsionada la entrega y sacrificio de los servidores públicos se convierten en entes que solo se preocupan por sus intereses y abandonan su razón fundamental: servir al pueblo.

Quién no trabaja en función de servidor público y con apego a la ley, no puede ser parte del Estado. Quién no se sienta profundamente identificado con el proceso revolucionario no puede estar en funciones de gobierno. Quién no se sienta orgullosamente “Chavista” no puede dar el empuje necesario en sus funciones y termina por apagar el fuego sagrado encendido en estos últimos años de revolución. El tema de los vividores y seudo revolucionarios debe tener una respuesta contundente en esta etapa de la revolución.

Pudiéramos dar fe anecdótica de las veces que hemos sido afectados por la burocracia insensible y el no cumplimiento de la ley. Pudiéramos hacer una red de compatriotas con casos de afectaciones por este cáncer que retrasa la revolución socialista. Pero preferimos apostar por la rectificación, profundización y radicalización del verdadero carácter revolucionario. Nos sumamos a las  misiones y mecanismos anunciados, y apoyamos de manera irrestricta el cumplimiento del programa de la patria en su segundo objetivo histórico de construir el socialismo bolivariano. Verdaderamente creemos en la necesidad de  comenzar a discutir el proceso de transición del modelo rentístico petrolero a un modelo productivo diversificado. De la necesidad de empoderar al pueblo, y dar paso al Estado comunal, en una transformación profunda del funcionamiento de las instituciones y su espectro social. Del enorme problema que representa el bombardeo mediático de antivalores y la sociedad de consumo, que solo propicia la reproducción del sistema capitalista aún en nuestro mismo Estado. De las enormes contradicciones existentes en el ámbito espacial y geográfico producto de la segregación y la aplicación de modelos civilizatorios dominados por el mercado y sus leyes. Debemos reforzar la orientación del sistema educativo en todas sus modalidades, pues es evidente que necesitamos procesos de formación coherentes con el proyecto de país, y cónsonos con la transición hacía el socialismo. En materia de conciencia revolucionaria, debemos ser más audaces para fortalecer la comprensión de los valores de la revolución, del verdadero espíritu nacional que estamos impulsando. Hay que fortalecer al sector docente, responsable de la formación y de la divulgación de los esfuerzos del Estado, y su consecuente impacto en el cambio de la vida de todas y todos.

La conciencia revolucionaria debe ser una corriente creadora y digna de ejemplo, que inspire a nuestros estudiantes, que se vean reflejadas sus esperanzas en docentes, maestros, instructores y profesores que verdaderamente profesen que aman y sienten este proceso revolucionario. No se puede defender lo que no se conoce o lo que no se siente. Por eso el fervor socialista debe ser una consumada característica de quienes tenemos la responsabilidad de colaborar con el futuro de la patria. Y para eso necesitamos todo el apoyo del Estado, de quienes llevamos adelante la revolución educativa. Debo confesar que a veces en este medio, los militantes bolivarianos que queremos impulsar los cambios somos perseguidos y acorralados, gracias a la existencia de sectores antirrevolucionarios en nuestras instituciones educativas.  Hay que abrir las puertas a novedosas formas de participación, y a los aportes que surgen de nuestras filas sin tanto acto burocrático. Esas acciones fortalecerían nuestra actuación a favor de la revolución. Pero es más fácil decirlo que hacerlo, pues a veces nuestras voces son acalladas o silenciadas, y nuestras propuestas obviadas y desechadas.

 Es una verdadera preocupación el no contar con el trabajo y aporte de un sector de las instituciones educativas (desde la educación inicial, secundaria y universitaria) para trabajar en función de la construcción del nuevo modelo de justicia e inclusión social. no podemos permitir más antipatria y posturas acomodadas que benefician solo a unas élites o minorías.

El principio de corresponsabilidad de nuestra constitución bolivariana nos conlleva a las acciones revolucionarias más allá del formalismo. Vamos a conformar colectivos de formación ideológica en cada ente del Estado. Nos atreveríamos a sugerir una escuela nacional de la administración pública revolucionaria, donde se formen todos los que hacen vida en el gobierno (en todos sus niveles). Y que esta escuela de formación de la administración pública pueda gestionar el carácter necesario de los valores y conciencia revolucionaria.  Abogamos por la aplicación de profundos cambios en la estructura del Estado, que de paso a la fusión mágica del poder popular y el poder constituido.

Estas ideas, sugerencias y reflexiones las hacemos con el más ferviente deseo de avanzar hacia el sueño del socialismo. De una patria que adoptó la revolución pacífica como camino a la resolución de sus males. Y con la plena convicción de que de parte de la presidencia de la república tendremos eco y la posibilidad de exponer nuestros proyectos, planteamientos y contribuciones a la causa militante revolucionaria.






Chávez Vive, la lucha sigue.
¡Revolución por siempre!

¡Independencia y patria socialista!

¡Viviremos y venceremos!


(*) Docente revolucionario, investigador social y militante Bolivariano.

viernes, 12 de abril de 2013



ENFOQUE DIALÉCTICO
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El Pensamiento de Chávez, Conciencia de Clase e Identidad Nacional.

Por: Willmer Chang (*)

“La inocencia no mata al pueblo pero tampoco lo salva, lo salvará su conciencia y en eso me ha puesto el Alma”.
Alí Primera.
                                                                      

En los albores de la Revolución Bolivariana, las huellas profundas del pensamiento humanista del comandante supremo se amalgaman con la práctica de la justicia y de la igualdad en los más necesitados.

La capacidad de descifrar el momento histórico, su correlación con el proceso político interno,  el contexto mundial del sistema Capitalista, la extraordinaria carga de patriotismo y nacionalismo, el profundo conocimiento del sentir venezolano, de su gente, de sus costumbres, de su cultura, la necesidad de conformar una identidad con raíces autóctonas, el proyecto bolivariano de integración suramericana, la propuesta de rescatar la tesis socialista con nuevos ribetes, los nuevos códigos y valores de una sociedad más humana, son parte de la conjugación del pensamiento eterno del líder de la Revolución Bolivariana.


Marx  plantea  la conciencia de clase como la capacidad de reconocer el papel de las masas  (especialmente la llamada clase proletaria, los trabajadores,  los campesinos, los humildes) en el intrincado proceso productivo de un mundo atizado por el Capitalismo. Representa el antagonismo clásico de los sectores dominantes contra los sectores dominados y explotados. Chávez se inscribe en los caminos de la lucha de clases, expresada en el conocimiento histórico particular de la Venezuela colonizada por el imperio europeo, luego por el Imperialismo  transnacional petrolero en el siglo XX, y de las clases burguesas que se apropiaron de los medios de producción nacionales posteriormente. No genera la lucha de clases en sí. En muchos casos se le atribuye la polarización del país, pero en realidad es errónea tal aseveración. Desde hace 500 años, el Capitalismo ha generado esta contradicción de clases en nuestro continente. Chávez logra la definición de las clases en pugna. Y quizás  el mérito más relevante sea el de concebir en el seno de las masas populares esa conciencia  y determinación de clase, el papel que juegan en el sistema social, y la necesidad de rescatar sus derechos y bienestar secuestrados por las élites económicas y políticas tradicionales.

Un crisol de corrientes de pensamiento que van desde el Bolivarianismo, Marxismo, Indigenismo, Humanismo, las tesis progresistas, y desde luego el Socialismo, son parte de esa extraordinaria hazaña que es el proceso revolucionario venezolano. El comandante supremo, en alguna oportunidad planteó que las posibilidades de avance en América Latina pasaban por la izquierda, pero que era mucho más complejo y debía ir mucho más allá.  Dato que revela su profundo conocimiento del proceso político en Latinoamérica en el siglo pasado, que cuenta con la experiencia fallida de Chile, y otros ensayos que terminaron por fracasar gracias a la injerencia del Imperialismo estadounidense. Y más allá comprende que el socialismo planteado en el orbe de las revoluciones socialistas en Rusia y China, constituyen un referente, pero que necesita de adaptaciones al contexto venezolano, regional y mundial  en plena Globalización. Conformar un amplio frente de corrientes ideológicas, revolucionarias, progresistas. ¿Revolución? Sí. Pero con matices de nuestra propia realidad. Bienvenidas fueron estas tendencias y experiencias, pero tuvo ese instinto que pocos desarrollan para aplicar estas experiencias acumuladas en el plano de la política nacional.


Entendía la necesidad de nutrir la lucha revolucionaria con el sentir popular y la organización de las masas. Con la participación popular y protagónica. Desarrollar el sentido de lucha y de identidad de clase, era una de las tareas pendientes aún, (con el único ejemplo digno de la Cuba revolucionaria) en esta parte del mundo plagado de ensayos y errores.  Hasta el siglo pasado, los teóricos de la izquierda solo pensaban en el marxismo clásico como vía para generar las revoluciones. En cierto modo, el dogmatismo del socialismo era la nota dominante para plantear una alternativa al sistema hegemónico capitalista y su vertiente neoliberal.

En efecto, en el materialismo histórico se plantea la lucha de clases como motor de la historia, que desencadena la pugna por los intereses proletarios en la búsqueda de la propiedad sobre los medios de producción y contra la burguesía.  Pero en la Revolución Bolivariana,  la capacidad del comandante supremo de jugar con la configuración de las corrientes filosóficas y de pensamiento, lograron lo imposible: La conciencia de clase tan anhelada en décadas de lucha por los caminos revolucionarios, con una particular variable que potenciaba aquel proceso, representado por el pensamiento del Libertador Simón Bolívar, y que va más allá del planteamiento solo del hecho económico o productivo.

 Es el Bolivarianismo precisamente, el pivote ideológico para llegar a la revolución socialista. Las ideas de justicia, inclusión, la mayor suma de felicidad social  y estabilidad política, el trabajo y el estudio dieron en un primer tramo a la Revolución Bolivariana sus cimientos. La población se sintió identificada con el rescate de ese pensamiento libertario, que estaba adormecido y aletargado por décadas de aislamiento por parte de la burguesía. Encendió una llamarada de patriotismo, de “Fuego Sagrado” (como lo señala el Mayor General Pérez Arcay en su libro del mismo título). Era redescubrir esas raíces de independencia y lucha escondidas en los fríos pasillos de una historia manipulada. Era entender que éramos herederos de esa lucha por la libertad, era reconocernos como parte de esa historia necesaria y rebelde. Es el principio de identificarse como mestizo, como pardo, como afrodescendiente, como aborigen, como elemento viviente de un nexo colonial que en la contemporaneidad continuaba, ahora con diferentes actores y diferentes escenarios. Ya no con la  genuflexión e ignominia heredada por siglos de exclusión y dominio.

La misma lucha, pero en tiempos diferentes. Contemplaba entender el significado del tricolor nacional, símbolo de lucha y de nuestra libertad en la gesta heroica. Existe paralelismo entre el concepto de lucha de clases y esta orientación bolivariana, pues supone la posibilidad de igualar las condiciones de las mayorías explotadas, y de asumir la participación efectiva para lograrla. El rescate de la política como herramienta de conquista, y de prolongación de los intereses de clase. Allí radica la capacidad amplia del pensamiento del comandante supremo. Despertar esa conciencia histórica, esa identidad, esa llamarada patriota. Ese amor infinito por nuestro país, por nuestros ancestros, por nuestra capacidad de desarrollar los cambios. Chávez magistralmente logra hacer esta configuración, desgastada en las últimas décadas del Bipartidismo por las innegables transgresiones de los derechos en las mayorías.

En 14 años de revolución, hoy en día los niveles de participación son cada vez mayores. Una población que goza de beneficios sociales en sus misiones, con una progresiva mejor calidad de vida, y las mejoras en todos los ámbitos de sus necesidades inmediatas (tal y como lo señala el socialismo clásico), dan como resultado esa explosión colectiva de conciencia. Ese proletariado, ese campesinado, esa población mayoritaria, entiende su papel en la historia (como lo indica Plejanov en su obra el hombre y su papel en la historia), y se apropia de la lucha, del conocimiento de esos derechos conquistados. Asisten masivamente a los procesos electorales, participan activamente en el proyecto nacional, en los lineamientos estratégicos. Adquieren destrezas políticas, hablan fluidamente de temas económicos, se expresan ideológicamente, hilvanan ideas concretas y promueven el bienestar colectivo.  Existe una conexión especial con ese sentimiento de provenir de las clases más humildes, que al hacerse visibles por primera vez por este Estado, dan muestras de apego y de verdadera lealtad al proceso revolucionario.

Propician los escenarios, y de hecho se convierten en la vanguardia de aplicación de todos los programas y misiones.  El interés por ejercer efectivamente el poder, y la necesidad de apropiarse de los mecanismos para ejercer dicha soberanía, plantean sin duda la conciencia de clase. Ya no desde el  binóculo de la izquierda de los años sesenta o setenta, si no con la plena convicción de hecho, pues ya han transitado por la verdadera democracia participativa y protagónica que rescata sus intereses comunes. Solo posible por el advenimiento del pensamiento de Chávez y su extraordinario don de engranar las piezas del rompecabezas histórico de nuestro país.

La motivación de las clases trabajadoras y campesinas, es el punto de partida para la conformación posterior del proyecto de país con la participación activa ya con dicha conciencia  (La Constitución Nacional de 1999, El Plan Nacional de Desarrollo 2001-2007, Plan Nacional Simón Bolívar 2007-2013, Programa de La Patria 2013-2019).

Esta participación se mantiene y prolonga. De hecho se hace más sólida a medida que la dinámica del proceso revolucionario avanza. La trinchera de las ideas,  el estudio, la intensa batalla de la creación, de la innovación de métodos y herramientas no convencionales para conseguir los objetivos, el arropar a esa conciente masa popular en el huracán bolivariano, son consideradas en el pensamiento del gigante. Es partidario de ejercer de manera profunda el conocimiento, la búsqueda del mismo. Y ese camino lo llevó a dar estos aportes incalculables no solo para la República Bolivariana de Venezuela, sino del continente, pues el pensamiento de Chávez y su proyecto de Revolución son la esperanza de muchos de los países que aún persiguen la independencia y la libertad.


Chávez Vive, la lucha sigue.
¡Revolución por siempre!

¡Independencia y patria socialista!

¡Viviremos y venceremos!


(*) Docente revolucionario, investigador social y militante Bolivariano.