domingo, 24 de febrero de 2013


EL OJO DEL GATO… ¡

El Pueblo Legislador y Su Contexto Político en la Revolución.
Por: Ricardo “El Gato” Sanoja (*)
                                                  sanojaricardo@hotmail.com          

El Presidente de la republica Hugo Chávez Frías, ha venido reiterando de forma sistemática la necesidad de involucrar directamente al pueblo a las decisiones legislativas para permitir que las leyes sean expresión de la voluntad popular y de la realidad concreta que vive Venezuela en la coyuntura históricas de transformación política, económica, social y cultural, en función de la construcción de una sociedad socialista:
“Por otra parte, hable primero de convertir en leyes populares las misiones, pero hechas por el pueblo, no leyes hechos con asesores, ¿no? Leyes hechas en la calle a través de asambleas, que el pueblo sepa que el puede hacer leyes, porque esta Constitución, les devuelve ese poder. Que el pueblo haga leyes, leyes populares, leyes sociales, leyes revolucionarias, que participe el pueblo en el diseño y elaboración de leyes, y luego en su aplicación, dichas leyes deben ser el engranaje que une los principios constitucionales, a la realidad concreta de todos los días. Las leyes además, deben obedecer a la naturaleza de las cosas. Determinar cuales son las necesidades, las prioridades de los pueblos para en función de ellas, elaborar las leyes y llevar a la realidad, los principios constitucionales, a cada quien según sus necesidades pero es vital LA CONSTRUCCION DEL PODER POPULAR como la máxima expresión de la política en Venezuela tanto en lo local como en lo internacional.”( Chávez dixit)
Todo proceso de cambio social esta enmarcado dentro de un modelo político y un sistema jurídico que puede legitimarlo u obstaculizarlo, la continua movilidad requiere de un derecho que se adecue a las realidades emergentes. Por ello, se impone la ruptura con el ordenamiento jurídico que le ha dado sostén al Modelo de Estado Liberal y al conjunto de instituciones que lo integran, dando un paso a un modelo de Estado Social de Derecho y Justicia donde efectivamente cobre vida el concepto de soberanía.
Nuestro país despertó de la pesadilla neoliberal que por más de cuatro décadas sembraron pobreza y desigualdad en nombre de la democracia formal. La realidad se nos presenta hoy como una constelación un tanto azarosa de cambios, rupturas y quiebres que por encima de confusiones constituyen oportunidades que nos permiten dar un nuevo salto en el devenir histórico de la raza humana.
Avanzamos hacia una nueva concepción del quehacer legislativo que rompe con el viejo modelo parlamentario liberal representativo y por ende facilita el desarrollo del modelo político de democracia participativa protagónica, de tal forma que es el pueblo quien emerge como sujeto emancipador y constructor de un nuevo ordenamiento jurídico y de las políticas publicas que de el se deriven. Vivimos hoy una profunda reestructuración general de la economía, la cultura, la sociedad y la política para transformar nuestras condiciones materiales y espirituales de la vida, es decir, una verdadera ruptura.
Esta revolución constituye un gradual y multidimensional quiebre civilizatorio que anuncia que los primeros asomos de un nuevo modo de producción y de relaciones sociales marcado por la democratización de la información y el saber. Ratificamos que el saber es poder, no nos referimos aquí a los saberes hoy hegemónicos que pretenden reescribir y recodificar las desigualdades e injusticias de siempre bajo el amparo de las instituciones rectoras del viejo orden y que aun hoy sobreviven. Se abre paso a los saberes alternativos y a la prescripción normativa desde la propia sociedad, desde los cuales se aspira desarrollar nuevas formas de gobernabilidad más pertinentes a nuestras realidades y necesidades, dentro de un espacio social reconstruido por el colectivo.
Los procesos sociales de prescripción normativa se hacen crecientemente más dispersos y heterogéneos. La función del poder se define hoy en función de un combate continuo donde el Derecho se convierte en la trinchera desde donde se entabla el forcejeo. Nuestras percepciones han estado nubladas durante mucho tiempo por ideologías y partidismos que como bien advirtió Marx han confundido sus deseos con la realidad. Se produjeron así verdades fetichizadas que nos condenaron a una falsa lectura de la realidad para conservar cómodos y parciales nichos de “verdad”. Se requiere, ahora, escapar de estos reduccionismos, debemos crear una nueva “ praxis” que supere los viejos postulados teóricos, insuficientes actualmente para comprender los cambios.
Como bien decía Gramsci se debe ir mas allá de la revolución política, se trata de propiciar un cambio intelectual y cultural que potencie el desarrollo de una nueva conciencia, nuevos valores, nuevas normas que nos permitan configurar un nuevo ser humano. Los pueblos se niegan a continuar avalando las mismas opciones de siempre, no se conforman con ser comparsa de un determinado grupo político, exigen una participación real de los asuntos públicos, cuya génesis comienza con la elaboración de las normas que integran las leyes.
Se trata de una transformación socio-histórica global, para ir mas allá del capital en si como totalidad, que rompa con su dominio y control general de la sociedad y de su dinámica socio-cultural y jurídica. “La solución no es desesperarse por el, sino controlarlo en interés de la responsabilidad social y la transformación radical de la sociedad” (Meszaros). Dentro de este contexto político tenemos dos documentos maestros que orientan la propuesta, ellos son:
-         EL PROYECTO NACIONAL “SIMON BOLIVAR” 2007-2013
-         II PLAN SOCIALISTA BOLIVARIANO 2013-2019.

(*) Docente Instructor, Político y Científico Social.

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