SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

domingo, 2 de marzo de 2014



ENFOQUE DIALÉCTICO
.
El Ejército de Ocupación Cultural:
De la guerra de 4ta Generación a la Guarimba.

Por: Willmer Chang (*)


 Los acontecimientos recientes en nuestro país, nos hacen reflexionar sobre la penetración cultural y los mecanismos de dominación mundial que cada vez son más refinados. El efecto tóxico de pseudo ideologías, la alienación hacía el proyecto nacional, el poderío de la guerra psicológica, la guerra de los medios, y la evidente pérdida de la identidad patriótica quedaron en evidencia con las acciones violentas de algunos sectores de la derecha.

La guerra de implantación cultural está en su máximo clímax. Las incesantes jornadas de bombardeo mediático en contra del proyecto Bolivariano, han engendrado una generación completa de “soldados alienados opositores” dispuestos a vender a su país, solo por el simple hecho de no contar con argumentos válidos en el campo político, y un proyecto viable para sus aspiraciones de clase antes dominante, y que tiene repercusión en los subsiguientes escalones de la estructura social que defienden, es decir la llamada “clase media”. Clase que por cierto en ese esquema jerárquico de la sociedad capitalista está llamada a ser un “engendro”, pues no son realmente dueños del poder económico, sueñan con aspirar al control de los medios de producción,  reproducir algunas conductas de sus “amos” o “jefes”, y que desdicen y odian a las “clases inferiores” o el llamado “lumpen” o clases populares en nuestro argot revolucionario. Adicionalmente, se ejerce una especie de “endoracismo” que desprecia profundamente al adversario político, y se encaminan entonces al camino de las acciones violentas como “la salida” natural en contra del gobierno legítimamente constituido.

Esto se remonta al mismo momento en que la Revolución Bolivariana llega al poder. Sus antecedentes inmediatos están en los sucesos de abril del 2002 con el golpe de Estado mediático y petrolero, en las subsiguientes guarimbas de los sectores acaudalados del 2007, y de la incesante guerra de desprestigio en contra del gobierno nacional, que encuentra en los medios un canal efectivo para distorsionar la verdad y el curso de los acontecimientos. Esto se repite en el escenario actual, con algunas variantes, ero los medios son sin duda parte del arsenal para esta conspiración.

Si, otra vez los medios de comunicación. Pero esta vez, a ultranza de agotar el mismo guión de muerte, mentiras, manipulación y desgaste de la realidad incorporan elementos tecnológicos con los que no contaban en los ataques del 2002. Las llamadas “redes sociales”, que pueden colocar una mentira en “segundos” a escala planetaria con la subsiguiente repetición inmediata, sin ningún tipo de miramiento o indicios de querer corroborar estas informaciones. La guerra comunicacional es una realidad. Otra vez nos tomó por sorpresa, y efectivamente (debemos decirlo) nos ha arropado con una furia para la cual no estábamos preparados. En el escenario de confrontación de la actualidad, esa guerra de 4ta generación ha aumentado el número de efectivos antipatriotas en nuestro propio territorio. Es un ejército de ocupación, que a nuestro juicio no es silencioso. Se escuda en la supuesta condición de luchar por la “libertad” para maximizar las mentiras y ataques contra el Estado. Se regocija de manipular situaciones y hechos a favor de los sectores que representan solo intereses de clase dominante, y logran permear incluso a los sectores populares que poco o nada comparten con los convocantes de la “alta alcurnia”. Y reiteramos, no son silenciosos, pues con semejante uso de las tecnologías de comunicación e información generan contextos irreales, subjetivos, y difamatorios que afectan la estabilidad de toda la patria.

Pero ¿Quiénes son los que ostentan el poder de utilizar a la tecnología de las redes sociales y medios tradicionales de comunicación para desestabilizar? Conviene ejercer un ejercicio de razonamiento para la respuesta a esta interrogante. El uso de la tecnología celular, y especialmente de los “SMART PHONES”, o teléfonos inteligentes ha crecido exponencialmente en nuestro país. Paradójicamente los sectores de la “clase media” y “clase media alta” son las que han tenido más acceso a esta clase de tecnologías. Suponemos que no debe ser tan “terrible” esta dictadura para que hayan podido acceder a estos juguetes de avanzada tecnología, y que el “régimen” no ha estado tan equivocado en su política económica, ya que en otros países esta clase de servicios representan un verdadero lujo, y no está a disponibilidad de toda la población.

Es sorprendente ver, oír, leer las inmensas cantidades de mensajes directos (ya no son subliminales) que día y noche se enfilan contra el gobierno nacional, sin mayor miramiento que los beneficios que a su causa les proporcionarán. Con pasmoso asombro observamos que van dirigidos a un determinado público joven, que a usanza de soldados virtuales, repiten y redifusionan estos tóxicos mísiles contra su misma patria.

Se vincula este ejército de ocupación con una parte (quizás no la mayoritaria) de las universidades privadas, algunas autónomas, y aunque Ud. lo ponga en discusión de algunas universidades públicas e hijas del proceso revolucionario. Afectan por efecto de avalancha a incautos estudiantes, que pretenden hacer cambios políticos solo usando el teclado y una imagen. Abundan los “luchadores de la libertad” en mensajes de texto, videos en las redes, conversaciones por Zello, twuiters, mensajes de Facebook entre otros medios. Esto no sería tan grave si los mensajes que difunden no constituyeran apologías al delito, a la xenofobia, al odio racial, al fascismo y a la violencia generalizada. De estos llamados “espontáneos” ya hay víctimas. De estos mensajes de este ejército de ocupación cultural existen daños materiales incontables. Y lo que más preocupa, es que incluso llegan a pedir la intervención internacional para eliminar el gobierno. Un ejercicio de poca claridad patriótica, sustentado solo en la ambición de poder de algunos grupos dominantes  para los cuales trabajan sin conciencia alguna.

Este mecanismo de manipulación de la verdad, implantación cultural e ideológica corresponden a años de praxis en las filas del mundo globalizado, y en nuestro país encontraron una acogida sin precedente en los sectores de la llamada “clase media” y “clase media alta”, que no aceptan el proceso revolucionario, y que so pena de haber sido atendidos y beneficiados por la revolución actúan en su contra, más por una cuestión de moda (evidentemente inducida) y de estatus ante el perverso sistema capitalista, y su forma de expresión en los países que el sistema requiere para su sostenimiento.

Se convierten en individuos que no responden a una lógica política nacional, y que solo se ven interesados en satisfacer sus intereses. Apelan a un exasperante discurso de Antipolítica para acceder por medios políticos al poder. Una verdadera contradicción y aberración. Integran este ejercito miles de estudiantes incautos, de mediana edad, que solo han visto una realidad ficticia de su entorno clasista y modificado, más bien acomodaticio de lo que es el país. Representan al élite de vanguardia del ejercito de ocupación cultural, pues no se reconocen a si mismos como miembros de la patria grande, ni comparten la esencia cultural de nuestros pueblos. Adoran el sistema civilizatorio del “norte desarrollado”, y se vinculan muy estrechamente con su forma de vestir, de actuar, de hablar, de sentir. Es una verdadera pérdida de lo que significa el “ser”. Y esto no ha ocurrido de la noche a la mañana. Han sido penetrados por lo menos por dos décadas de bombardeo constante, a través de millones de horas de programación de televisión, uso de la Internet,  la plataforma de penetración del cine estadounidense y europeo, y del reciente uso de las redes sociales.

Esto debería representar una amenaza para el Estado y su seguridad. Pues por condición legal, estos individuos viven en nuestro territorio, pero atentan desde dentro en su contra.

Han visto  frustradas sus posibilidades de ganar elecciones, y acuden al escenario de las redes para ejercer “su valentía”, influenciados por los bajos y oscuros intereses de poderes transnacionales e imperiales.

Esta clase de soldados no razonan. Solo acuden al campo de batalla por el influjo de las órdenes del sistema tradicional. No cuestionan. No investigan. No se hacen preguntas. Transgreden el marco legal sobre la materia, y generan condiciones para su violación. Solo accionan sus armas sin preguntarse si eso tendrá consecuencias para su país o su nivel de vida. No están concientes de la magnitud del daño que les han hecho, y que consecuentemente ellos repiten con la actitud autómata.

Los llamados a la violencia, a la desestabilización, el no reconocimiento al Estado social de derecho y de justicia, de las instituciones, del marco jurídico, y de toda la estabilidad política dejan como resultado una situación absolutamente innecesaria de tensión interna, que se magnifica con el apoyo de los poderes foráneos interesados en la caída del gobierno del presidente Maduro. Estas acciones representan planes desarrollados, tutelados, financiados y ejecutados por factores de muerte y ambición desmedida. Los auspicios del Imperialismo estadounidense através de sus fundaciones fachadas, la incorporación del paramilitarismo colombiano en detrimento de la soberanía venezolana, y las contradicciones que presentan las masas alienadas de opositores furibundos sin mayor argumento o causa justificada que un golpe de Estado, han perpetrado esta situación que cobra la vida de venezolanos, altera la paz y el esfuerzo del gobierno nacional por conquistarla, y dan cuenta del poderoso aparato de dominación cultural de masas que encuentra en las grandes empresas privadas de  comunicación y la tecnología las vías para acometer sus objetivos.

Deducimos que la posición de artistas del espectáculo (nacidos en esta tierra y foráneos), cantantes actores y actrices también es parte de la concertación para acabar con la Revolución Bolivariana. Estos sectores están comprometidos con una potencia imperialista, que defiende su posición de poder a través de la influencia del cine y la música. Esto es una caja de resonancia para los mensajes que el imperialismo necesita reproducir en las mentes incautas de las filas del ejército de ocupación, pues sus mentes ya están ganadas a esta causa.  El efecto discursivo aparentemente inocuo de estos artistas (algunos de los cuales no opinan sobre la realidad de sus países de “origen”, pero si de Venezuela) ha potenciado el escenario de confrontación, y les da una dosis de “morfina” a los sectores comprometidos en el golpe de estado continuado en nuestro país.

Esto no es ficción ni paranoia. Es un evidente campo de batalla virtual que cada vez cobra más víctimas. Y urge una política de Estado para evitar esta clase de penetración.

Cabe preguntarse entonces ¿Cuál es el futuro inmediato si el Estado no reacciona contra este ejército de ocupación cultural? ¿Podrá subsistir la Revolución Bolivariana en el tiempo si hace caso omiso a este ejército de ocupación?

Debemos entender este contexto del ejército de ocupación cultural para buscar las herramientas correctas, y tratar de frenar el daño que le propician a nuestro sistema político y participativo, y más allá a nuestra patria. De lo contrario estaremos cediendo terreno para la implosión desde nuestras entrañas, y acometiendo un error táctico en la lucha por la construcción de la suprema felicidad social.


¡INDEPENDENCIA O NADA!
(*) Docente revolucionario e investigador social.