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miércoles, 3 de septiembre de 2014


ENFOQUE DIALÉCTICO
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Bolívar, Angostura y su vigencia histórica.

Por: Willmer Chang (*)
                           
Una de las características que definen el perfil del Libertador, es la concepción y manejo excepcional del concepto de la moral en el ejercicio del estado. Sin duda Bolívar, decodifica y sintetiza los elementos vitales que conforman la superestructura u organismo que representa esta noción. Y quizás uno de los documentos que nos permiten una aproximación real y concreta sobre su visión del estado sea el discurso ante el congreso de Angostura en 1819, en ocasión de presentar ante dicha instancia un proyecto de constitución nacional.

Hoy cuando nos planteamos la necesidad de reestructurar el estado, y su incidencia en el proceso de cambios que vive nuestro país, es menester de todos echar raíces en esa esencia bolivariana para que guie el camino. Esa extraordinaria y viva cognición de la realidad presente y futura, ese pensamiento avanzado del alfarero de repúblicas. Es la condición que nos impulsa a la exaltación del pensamiento y obra del Libertador. Y que nos vincula con nuestro proyecto nacional como referente, como elemento y herramienta de lucha, y que sin duda está destinada a la gloria descrita es su dimensión concreta.

Al encontrarse bajo el fragor de la lucha armada, y con la responsabilidad de los ejércitos y las acciones militares, el Libertador transfiere de manera tácita y desprendida el ejercicio del poder supremo al congreso, haciendo un llamado a las más firmes acciones morales que deben ejercer los legisladores en su devenir como integrantes del estado. Se asume como un ciudadano más, que lucha a través de las armas hasta que la república tenga enemigos. Muestra de su total y plena convicción de llevar a adelante el proyecto en términos legales.

“Legisladores, yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la república: en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de la nuestra gloria: ellas sellarán los decretos que fijen nuestra libertad”. Sentencia que hace en relación de la obligación que tendría el cuerpo legislador en la naciente nación, vinculados siempre a nuestra lucha por el proyecto de la libertad. Sin libertad, ninguna nación podría ser hecha, tendrían el pesado rastro de la opresión, la sumisión o la genuflexión ante los poderes imperiales, oligárquicos o de las clases dominantes.

Esta acción denodada alude la visión absolutamente democrática, republicana y de principios libertarios de Bolívar. Esta condición aún hoy esta intrínsecamente relacionada con nuestro proyecto nacional actual, que está representado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Esta esencia histórica, es sin duda el elemento transversal del pensamiento libertario que hoy más que nunca reclama las acciones de las fuerzas totales de la nación. Como un código genético, la libertad, y el sometimiento al imperio de las leyes está concebido en nuestro imaginario social, y mucho más en el contexto del proyecto político del estado democrático, social, de derecho y de justicia que recoge la magna carta. Esa vinculación proviene de esa concepción de Angostura, y se amalgama con las diferentes instancias del poder público que hoy tenemos, y que se remontan al escenario profundo de la justicia y la lucha de nuestros padres libertadores.

Bolívar asume el esquema de separación del poder público, que en una incipiente república nos rememoran a la lucha por la instalación de un sistema inclusivo, democrático y de avanzada.  E incluso propone la creación de un sistema de valores y de principios en el ejercicio del estado, y que los funcionarios debían vincular con su praxis diaria. El poder ejecutivo, el poder legislativo, el poder judicial son el clásico ejemplo de los sistemas republicanos planteados para la época. Pero Bolívar es audaz, visionario y aguerrido. Propone la creación de un poder moral, que debe ser el referente en ese equilibrio de poderes, y que se cimienta en la concepción de la moral, de la justicia bien ejercida, y del ejemplo en las acciones inherentes a favorecer a los ciudadanos.

Reconoce que: “el triple yugo de la ignorancia, la tiranía y el vicio” habían mellado en la sociedad, bajo el influjo de la lucha emancipadora, y con las limitaciones propias de la guerra. Esa capacidad de reconocer dichas limitaciones morales, hace que la propuesta sea encausada en los más nobles y transparentes principios para república alguna. Precisamente la implementación del poder moral se recoge y se practica en la constitución bolivariana  de 1999. Es un reconocimiento de la vigencia del pensamiento indómito y agudo de Simón.

Señala el Libertador que “las buenas costumbres y no la fuerza, son las columnas de las leyes, y que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad”. Punto cardinal para la confección de la constituyente que le dio paso a la aprobación democrática de la constitución de 1999. Las leyes por sí solas no representan el ejercicio de la libertad, sino que asumen la necesidad de quienes las ejercen, sean referentes de solvencia moral, y de indiscutible autoridad en el mencionado campo. En este sentido también propone Bolívar que los códigos, los sistemas o los estatutos por sabios que sean, son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades. Y en consecuencia nos lanza un exhorto que hoy más que nunca debe ser considerado para los que ejercen cargos públicos: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas!

La virtud entendida como la entrega y el valor de la nobleza, de incorruptible condición, y siempre al servicio de los intereses nacionales. La condición patriótica es vital. Si no se siente amor, entrega y filiación por este territorio y su significado en el tiempo, imposible sería dar la vida por defenderla. Y cuando se refiere a hombres ilustrados, nos indica la necesidad del conocimiento, la formación y el saber en el ejercicio de las funciones públicas. Este es un misil moral, de aliento para quienes de alguna manera rigen los destinos de la república. El oxígeno que necesita la construcción y rectificación del camino trazado en revolución.

“El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es el que ensancha el progreso de las luces”, aseveración que invita al ejercicio del conocimiento y el saber con especial necesidad de razón, espíritu, y propósito honesto y encaminado al bien común.

Con la virtud de las leyes, la libertad y la referencia moral de  los servidores públicos, asume Bolívar que el gobierno es la instancia inmediata de la resolución de los problemas que aquejan a los ciudadanos.

Es esa referencia la que determina el fin del gobierno, sus orientaciones más vitales, y la impostergable razón de su estructura. “el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social, y mayor suma de estabilidad política”. La premisa anterior está sintetizada en la propuesta del Plan de la Patria 2013-2019, que resume los fines últimos de la existencia de las instancias gubernamentales, y de darle respuesta a los problemas de manera estructural. No se puede postergar o retardar la eficiencia y eficacia del gobierno, ni mucho menos de entes que conforman el estado, pues sería una contradicción que pondría en peligro su misma existencia. La mayor suma de de felicidad social ha sido reconocida en este proceso socio-histórico que rememora el ideal del Libertador. No representa solo una consigna vacía o de carácter panfletario. Es la clave para la construcción y consolidación del mismo proceso en sí. De la posibilidad de enrumbar definitivamente los destinos nacionales al excelso destino de la grandeza que nos describe Bolívar.

De tal manera, que apostamos a la remembranza del ideal bolivariano, de la raíz primigenia de nuestro pensamiento patriótico, para poder impregnarnos del aura necesaria para la lucha en la construcción de nuestra república. Necesario ejercicio para el rescate de valores morales que nos reclama el momento histórico.





(*) Docente e investigador.



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